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Cómo saber todo lo que Google sabe de ti (por ejemplo, dónde comiste hace diez años) y cómo lograr que sepa un poco menos

Cada que entras a Google, la plataforma crea un perfil con diferentes etiquetas en función de tus intereses, contactos frecuentes, datos demográficos e ingresos.

La gigantesca plataforma conoce desde la información más básica, como tus contactos del móvil, hasta la más privada, como el nombre de la persona con la dormiste anoche. ¿Qué supone esto y cómo podemos controlarlo?

Suena tu móvil, miras la pantalla y te encuentras con un aviso del viaje que planeas hacer por la tarde. Te parece extraño, pero continúas. Das doble clic y ves la ruta exacta en el mapa de cómo llegar a tu destino, el dato preciso de a qué distancia estás en ese momento, con tiempos estimados de cuánto te demorarías si hay atasco. Si sigues explorando un poco más, probablemente también aparezca el nombre de la persona con la que planeas hacer ese viaje… ¿Por qué? Si tú nunca pediste un recordatorio y tampoco guardaste todos esos datos en la agenda del teléfono. La realidad es que Google te conoce mejor que tu propia madre, y sabe mucho más de ti de lo que probablemente crees.

¿Exactamente cuánta información sabe de ti la plataforma de búsqueda más utilizada en el mundo? Sabe tu nombre completo, tu nacionalidad, las palabras que usas con más frecuencia en WhatsApp y en tus correos electrónicos. Conoce todos y cada uno de los mensajes que has escrito, recibido y borrado, la música que sueles escuchar a determinada hora, los sitios a los que vas: cerca de tu trabajo, de tu hogar, en otra ciudad o fuera de tu país, la fecha en la que fuiste, y probablemente los amigos que hiciste.

¿Es tu culpa que Google sepa todo de ti? En teoría, sí. Lo autorizas cuando descargas algo sin leer las políticas de privacidad, o cuando activas la ubicación al acceder a algún sitio web. ¿Lo puedes evitar? No por completo. “Posiblemente la única manera de evitarlo es no utilizar un smartphone o hacer uso de navegadores que sean más privados. Pero esas soluciones no son realistas, pues no te aportan lo que te aporta Google, ni te dejan utilizar el correo electrónico, ni el calendario. Parece que no hay escapatoria. Android es propiedad de Google, y la mayoría de los usuarios de Apple utilizan el buscador de Google, no el de Safari, así que estamos indefensos”, resume Roberto Esteban.

Lo que sí podemos controlar es lo que compartimos con otras aplicaciones ajenas a Google. “Existen innumerables aplicaciones hackeadas por algunas compañías que usan toda esa información para distintos fines de control o fraude. No debemos descargar aplicaciones gratuitas, y de dudosa procedencia. como videojuegos, apps para editar fotos o descargar películas…”, explica Roberto Esteban.

La mayoría de las personas no le damos la debida importancia a las políticas de privacidad de cualquier aplicación que descargamos, a las cookies de todas las páginas de internet y a la ubicación que te pide Google, y es completamente normal. “Las únicas personas que alguna vez han leído esos documentos completos son las que trabajan en ciberseguridad, no nos engañemos, y si alguna persona más lo ha leído, seguro que no lo entendió”, explica Roberto Esteban. Sin embargo, en la actualidad, algunas compañías están obligadas a resumir las políticas de seguridad, y a hacer más sencillo el lenguaje que manejan, ya que la mayoría cuentan con palabras desconocidas para el usuario.

Todo lo anterior, aunque parezca sacado de una película de espionaje, no es secreto. Lo puedes encontrar en la primera línea del documento de política de privacidad del buscador de Google que, probablemente, nunca has leído. “Cuando usas los servicios de Google, nos confías tu información”. Así de claro.

El documental El dilema de las redes sociales de Netflix, dirigido por Jeff Orlowski, incluye todos estos aspectos. Este largometraje, criticado por algunos expertos por considerarlo demasiado conspiranoico, explica cómo Silicon Valley ha impulsado y lanzado los algoritmos inteligentes, las echo chambers (cámara de eco, que es donde una persona solo encuentra información u opiniones que reflejan y refuerzan las suyas), y la recopilación de datos privados que las empresas hacen para distintos fines publicitarios y políticos principalmente en Estados Unidos.

¿Cómo puedes saber todo lo que Google sabe de ti?

Accediendo a “mi actividad” puedes ver, con detalle, todos los datos recogidos de tus búsquedas: avisos, noticias, YouTube… Incluso puedes filtrar tu información por fecha y palabras clave en esa misma sección.

Para conocer los datos recogidos de tu localización, debes acceder a la sección de cronología de Google Maps. Ahí podrás encontrar todas tus localizaciones en una línea del tiempo y ver dónde estabas en un determinado día y en una determinada hora. Es muy fácil que nos geolocalicen. Lo pueden hacer a través de las antenas de telefonía móvil, e incluso a través de las redes de wifi que se conectaron a nuestro móvil cuando andábamos por la calle. Toda esta información la puedes descargar en Google TakeOut, crear un archivo que la misma plataforma te envía, y hacer una copia de seguridad con la información que selecciones, como una especie de ficha bibliográfica de tu vida.

En el apartado de personalización de anuncios también puedes ver un listado de intereses que Google ha recolectado o ha asumido de ti. Si te desplazas hacia abajo encontrarás algunos datos como el tipo de comida que te gusta, el género de música sueles escuchar o el estilo de ropa que compras online. Esto sirve para que Google intente venderte lo que tú comprarías. Sin perder el tiempo.

¿Cómo se rentabilizan Google, WhatsApp, Instagram y Tik tok si son plataformas gratuitas? El precio que tienes que pagar a cambio es proporcionar tus valiosos datos, usados para venderlos a las multinacionales con fines publicitarios, principalmente. Y no es para menos: 3.800 millones de personas, es decir, casi la mitad de la población del mundo, utiliza alguna red social. La principal riqueza corporativa de todas estas aplicaciones se basa en cosechar y comercializar la información que almacenan de las multitudes en línea, algo que nos confirma que los datos son el oro del siglo XXI. Que en resumen, cuando un producto es gratuito, es probable que el producto seas tú.

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